Me debato entre el perdón y el olvido

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En estas épocas en las que andamos hablando del perdón y la Paz me puse a pensar, si realmente he terminado haciendo la Paz con las personas que en algún momento han causado algún daño en mi vida, o simplemente me dediqué a olvidar o mejor dicho intentar olvidar lo malo que me hicieron y seguir adelante como si nada hubiera pasado. Y es que aprender a perdonar no es nada fácil.

Primero debo confesar que estoy convencido plenamente de que en el daño que le hacen a uno también hay responsabilidad propia, es decir, uno mismo se termina buscando los problemas en la mayoría de los casos.

Las razones

Ya sea por meter la cabeza donde no se debe o continuar relaciones de pareja o amistades que simplemente no traían nada bueno a la vida. Pero como todo en la vida trae sus consecuencias tarde o temprano uno termina preguntándose por qué diablos tuve que haber sufrido por lo que hizo esa persona.

No todo lo que le llega a uno son karmas, no necesariamente, en muchos casos la vida le pone a uno pruebas que simplemente fortalecen el carácter o le ayudan a superar grandes obstáculos que uno no creía tener. Nada es gratuito, todo pasa por algo.

Es así como comencé a hacer una lista de esas personas que han pasado por mi vida y dejaron algún tipo de huella, pero una huella negativa, de esas de las que uno se arrepiente una y otra vez por haber caído y haber creído.

Fue así como a través de un proceso de introspección comencé a evaluar cada uno de los casos que ocurrieron e hice un balance de cuáles eran aquellas personas a las que realmente había perdonado y aquellas de las que simplemente había olvidado el desastre que habían dejado en mi vida.

Cuando uno se da cuenta de la responsabilidad que tiene

Fue terrible el caer en cuenta que muchos de esos desastres me los pude haber ahorrado con el simple hecho de no permitir que alguien que no tenía ninguna autoridad en mi vida haya llegado a querer abusar de mi tranquilidad. Pero tampoco es el caso hacerse la víctima, cuando uno le da el poder a los demás de que jueguen con su vida no hay que quejarse después.

El listado era grande, tal vez porque a veces dramatizo demasiado las circunstancias o simplemente porque tuve demasiado tiempo para ponerme a revisar cada uno de los tropiezos, aunque hayan pasado décadas desde que ocurrieron, pero la lista comenzaba a ser cada vez más larga.

Otra de las grandes conclusiones que pude sacar es que pocas personas llegan sin interés alguno, y también son pocos los que andan por el mundo sin una actitud egoísta. Me explico, las personas regularmente llegan a la vida de uno y esperan algo, o simplemente llegan creyéndose el centro del universo y uno termina siendo simplemente un instrumento más de sus egos.

Y de allí se desencadenan todos los problemas que se pueden tener con el resto de seres humanos, por una lucha constante de sobresalir el uno sobre el otro, cada quien es llevado por la terquedad y los antojos sin tener en cuenta lo que quieren los demás.

Cuando aprendí que hacerse el pendejo no era la solución

Pero sigamos con el ejercicio, al final separé los casos en los que realmente había perdonado a aquellas personas y otros en los que simplemente me había hecho el loco con lo que había pasado, así que simplemente me había hecho el de la vista gorda y eché todos esos malos recuerdos en el cajón del olvido. En resumen me hice el pendejo.

Pero lo más grave y a la vez la mejor conclusión del ejercicio es que todas las veces en las que el olvido le había ganado al perdón tenían una característica en común, yo no había tenido el tiempo ni la voluntad suficiente para perdonarme a mí mismo por haber permitido aquellas circunstancias en las que supuestamente jugaron conmigo.

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Y es así como decidí comenzar a recopilar datos e información de los casos que más me afectaron en su momento y me di cuenta que aún me seguían afectando de cierto modo, es increíble como uno cree que está libre de rencores y malos pensamientos pero en el fondo simplemente es una pared la que esconde toda esa basura que se guarda adentro.

De este modo decidí comenzar a sincronizar la cabeza con el corazón y proseguir a evaluar, pasando esas circunstancias del olvido al perdón, pero no es nada fácil y ahí sigo en la lucha de terminar de organizar la casa, pero pasa como en la vida real, cuando uno mueve un mueble y cree que ya todo está en su lugar se termina dando cuenta de que detrás de ese mueble había mucho más por ordenar.

En conclusión

Y ahí sigo, ordenando y desordenando todo, porque qué sería la vida si uno no se permitiera de vez en cuando hacer un análisis de lo bueno y lo malo, es sano para la vida y es sano para la mente, desintoxicarse de tanta pendejada que solo estorba, seguir adelante y aceptar que es mejor perdonar que olvidar, porque cuando uno perdona el corazón se tranquiliza y las cucarachas terminan saliendo de la cabeza.

Alejandro Pérez

@CangrejoPerez

Conoce aquí mi canal de YouTube. 😉

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1 comentario en “Me debato entre el perdón y el olvido

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