La envidia mata

Desde que tengo uso de razón he pensado que la envidia es como un cáncer, quien la padece es como si tuviera una enfermedad grave que no lo deja vivir en paz, que lo mata lentamente. Cuando hay una persona envidiosa en tu vida lo notas, te das cuenta que ese personaje no tiene buenas intenciones y sabes que deberías alejarte, lo malo es que en muchas ocasiones no sabemos cómo tomar esa decisión, porque nos enseñaron a ser políticamente correctos, a permitir que cualquier tipo de personas estén en nuestras vidas sin importar el daño que hacen.

Escribo este post porque hace poco varias personas cercanas comenzaron a comentarme acerca de un personaje que estaba hablando mal de mí, obviamente a mis espaldas, porque así son los cobardes, no tienen la valentía para dar la cara. Es así como cada día me llegaba un nuevo chisme que “El Envidioso” decía no solo en privado sino que publicaba por redes sociales y les hablaba mal de mí a mis amigos y conocidos como si eso lo engrandeciera a él. Nada más lejos de la realidad, recuerda que lo que dice Pedro de Juan dice más de Pedro que de Juan.

No puedo negar que en principio sentí una rabia infinita y quería ir a decirle una cuantas verdades en la cara, pero al final me tranquilicé y comencé a reflexionar acerca del porqué una persona desconocida hace tales cosas, cómo una persona puede sentir tanto odio como para llegar a intentar dañar la reputación ajena.

Una de las primeras conclusiones a las que llegué es que el ser humano cuando es miserable necesita dañar a otros para sentirse un poco menos miserable de lo que ya es. Personas que tienen vidas que se convirtieron en un completo karma por el simple hecho de no perseguir sus sueños, por andar anhelando sueños ajenos, por querer copiar la vida de otros y no se permiten ser ellos mismos, personas que quisieran tener un poco del éxito de los demás pero al sentirse impotentes buscan destruir lo que otros hemos construido con tanto esfuerzo y sacrificio.

Lo que más sorprende es que muchas de esas personas que sienten envidia y hablan mal de los demás en muchos casos lo hacen hasta en nombre de Dios, increíble ver cómo justifican sus actos en una fe que profesan pero que al final poco ponen en práctica. Personas que con una falsa fe se aprovechan de ello para justificar sus palabras y actos de maldad.

Y es que la envidia ataca sin piedad y carcome la humanidad de quien se le atraviese, quien padece la envidia no puede hacer más que criticar e intentar destruir todo a su alrededor.

Ahora, si conoces a una persona envidiosa que hace o hizo parte de tu vida, aléjate de ella, no mereces tener a un personaje que lo único que hace es esparcir daño. Rodéate de personas que sumen, jamás que resten.

Siempre he creído firmemente que somos un reflejo de las personas que nos rodean, así que rodéate de personas de buena fe, personas que te apoyen en el camino hacia tus sueños. No permitas que alguien venga a intentar derrumbar todo lo que eres y lo que has construido, construye barreras tan altas que no pueda pasar ni el más mínimo ataque.

Ahora, que si vas por el camino del éxito créeme que ataques no van a faltar, porque como decía mi abuela “El árbol que más frutos da es al que más piedras le tiran”.

Deja a un lado lo políticamente correcto y comienza a sacar de tu vida a las personas que restan. Sin miedo, sin dolor.

Alejandro Pérez – @CangrejoPerez

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