Viajar, más que un placer

Una de las cosas que más me gusta hacer en la vida es viajar, cómo privarse de una experiencia tan fantástica como recorrer el mundo, conociendo personas maravillosas y encontrándose consigo mismo de una forma como jamás lo podría imaginar.

Es bueno comenzar aclarando que cuando hablo de viajar no me refiero a ningún tipo de viaje en particular, no necesariamente viajes internacionales ni grandes travesías por el planeta, me refiero a cualquier viaje por largo o corto que este sea. A veces los viajes menos planeados terminan siendo los más fantásticos, nos llenan de vitalidad y aprendemos como jamás lo hubiésemos creído, es como si la improvisación se convirtiera en magia.

Algunos viajes comienzan con un gran sueño, otros aparecen de la nada, simplemente un arranque del destino que nos lleva a lugares insospechados. Pero también ocurre que hay un lugar del planeta que nos llama la atención de una u otra forma, es como si quisiéramos estar allá aunque no sepamos ni siquiera dónde está ubicado geográficamente, literal, a muchos nos ha pasado.

Quién no ha soñado por ejemplo con conocer París, una ciudad fantástica que nos han vendido de una forma extraordinaria como la ciudad del amor y el romanticismo, luego cuando tienes la oportunidad de estar allí no solo corroboras la información que ya tenías sino que te enamoras de cada una de sus calles, museos y hasta de su gente.

Lo fantástico de los viajes es que nos enseñan mucho de nosotros mismos, así como lo lees, viajar saca aptitudes y características que tenías escondidas y seguramente te sorprenderás gratamente cuando las descubras, cuando te expones a comunicarte con personas con quienes ni siquiera tienes un idioma en común, o simplemente cuando vas a una ciudad en la cual no conoces absolutamente a nadie y te toca descubrir todo por tu propia cuenta.

Hay viajes que comienzan de la nada y se hacen realidad rápidamente, son esos viajes que disfrutas al máximo porque sin tener grandes planes terminas pasándola igualmente en grande. Porque nadie dijo que los momentos más fantásticos eran aquellos que se planean al detalle, en la mayoría de los casos una situación espontánea trae mucha más felicidad.

Aquí abro una pequeña reseña de una película de viajes que se convirtió en una de mis favoritas de todos los tiempos, hablo de “Comer, Rezar, Amar”, es como si todo lo que hiciera Julia Roberts me llevara a recorrer cada uno de sus pasos. Comienza en un país fantástico como Italia en el cual se dedica a tragar como si no hubiese mañana, la pasa delicioso pero se da cuenta que le falta algo y le sobran unos kilitos de más , o sea, descubre que no solo en la comida está la felicidad, aunque para muchos de nosotros así lo sea.

Luego esta mujer se va para la India, y aunque la verdad no la envidio mucho ya que no es un destino que tenga dentro de mis planes, allí encuentra su lado espiritual, a quién no le ha ocurrido esto. A mí por ejemplo hace poco en un viaje a Popayán descubrí un lado espiritual y religioso que tenía dormido hace mucho, así pues no es necesario viajar al otro lado del planeta para encontrar que uno tiene su alma, a veces bien escondida pero ahí está.

Por último esta mujer viaja a un paraíso llamado Bali en donde encuentra al amor de su vida y como en un cuento de hadas después de mucho drama y una que otra borrachera terminan juntos y felices. Tal vez una historia demasiado perfecta para lo que nos pasa en la vida real, en la cual, aunque viajemos y tengamos una que otra historia de amor, no terminan siendo más que amores pasajeros, pero no se puede perder la esperanza, tarde o temprano encontraremos esa media naranja aunque llegue un poco descompuesta de tanto esperar.

Y es que los viajes nos enseñan a crecer como personas y encontrar todo eso que no sabemos de nosotros mismos, cada paso que damos nos acerca hacia un nuevo descubrimiento. Darse el placer de recorrer el mundo por grande o pequeño que este parezca es una de esas cosas que todos debemos hacer en algún momento de la vida.

Nadie merece llegar a su vejez sin haber dado unos cuantos pasos por este planeta, porque de hecho es de lo poco que uno se lleva de este mundo, las experiencias fantásticas y todo lo que se disfrutó en cada travesía.

Hoy te hago un llamado, no esperes hasta que sea demasiado tarde para comenzar tu viaje, pensar en limitantes como el dinero es perder el tiempo, pues el dinero se consigue de una u otra forma, no vaya a ser que cuando tengas el dinero suficiente ya no tengas salud para poder disfrutar o hacer ese viaje que sueñas, que no sean los años los que se lleven tus sueños en lugar de hacerlos realidad en el momento más importante de tu vida, o sea HOY.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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La gente falsa

Con el tiempo me fui dando cuenta que en este mundo las apariencias engañan, no todo es lo que parece. Las personas no son la excepción, han aparecido algunas en las cuales he creído que puedo confiar y lo he hecho, porque ni más faltaba de andar dudando de cada personaje que se cruza en mi camino, pero al final son pocos quienes realmente merecen esa confianza, porque del resto no se hace un caldo.

Y es que confiar en la gente ha sido una cuestión de supervivencia desde mucho tiempo atrás, creemos en la palabra de la persona amada y es la única forma de mantener una relación, creemos en los amigos a veces más que en cualquier otra persona, porque terminan siendo confidentes de vida, creemos que guardarán los secretos para siempre y también creemos que están siendo honestos con su forma de ser, lastimosamente en muchos casos ni siquiera llegan a serlo un poco.

Porque de nada sirve estar en este mundo si no creemos en la palabra de los demás, claro está que andar creyendo en cualquier persona que se atraviesa también es un completo desacierto.

No se puede negar que hay personajes que se ganan fácilmente la confianza, es como si tuvieran una capacidad extraordinaria de hacer que uno crea en ellos ciegamente, como si los conociera de toda la vida y jamás nos fueran a hacer daño. Lastimosamente eso no es tan cierto, muchos andan engañando para sacar beneficios ocultos, para aprovecharse de lo que los demás hacen y dicen.

Pero tener plena conciencia de la persona con la que se está tratando y descubrir las máscaras que tiene no es tan fácil, hay personajes que saben esconderse muy bien tras aparentar ser amigos, parejas, compañeros, etc. Son personajes cuya especialidad es el engaño, el engaño a cualquier precio sin importar si dejan atrás sus valores, creencias o cualquier tipo de razonamiento ético.

El engaño termina siendo parte del juego de ellos y desgraciadamente en muchos casos podemos estar años conviviendo con ese lobo vestido de oveja.

Pero de nada vale quejarse por lo hecho, porque igual en algún momento fuimos tan inocentes que creímos que esa persona tenía palabra, y si no creíamos en esa persona entonces no íbamos a aprender la lección, aunque a veces esa lección termine siendo cruda y dolorosa.

Lo más difícil es despertar al engaño, porque es despertar de un sueño que al parecer era placentero para terminar siendo una completa pesadilla, pesadilla que se padece como si fuera una herida abierta, de esas que duelen intensamente y además como si le echaran limón y sal para hacer del dolor algo casi insoportable.

Y como buen dolor nos hace gritar, hace que lo peor de nosotros también salga, hace que muchas veces terminemos rebajándonos al nivel de ese personaje que nos llenó de mentiras. Nada peor que dejarse contagiar del engaño, porque nos convierte en victimarios y al final de pronto hasta se invierten los papeles, porque pensamos que la venganza es dulce, cuando realmente no es más que una forma de perder la dignidad como seres humanos.

Es cierto que nadie merece ser víctima del engaño ni de personas que van por el mundo haciendo daño con sus mentiras y falta de palabra, pero de nada sirve quejarnos por lo que fue, en algún momento decidimos confiar y esa confianza es lo que vale, si nos pagaron bien o mal qué importa, lo que importa es que de algo sirvió, de todo se aprende y de los errores sí que más.

Este es un mundo que nada tiene que ver con lo que imaginamos y lo que esperamos que sea, nadie es tan perfecto como deseamos ni tan bueno como creemos, así como cada situación tiene su punto de vista, de lo bueno se aprende y de lo malo también, de cada uno depende si se queda en el foso sufriendo o en la cima celebrando, de todas formas qué sería de nosotros si la vida no fuera una montaña rusa de emociones, tal vez estaríamos un poco muertos en vida.

Hay algo de lo que sí debemos estar plenamente seguros y es que sin importar las máscaras que traiga la gente, tarde o temprano es necesario confiar, seguramente nos estrellaremos mil veces contra el mundo pero con tal de que al menos una vez encontremos alguien realmente sincero y honesto, ese momento valdrá todos los golpes que nos dimos en el camino.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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El olvido también es una respuesta

Hoy en día es muy fácil meterse en una relación de cualquier índole, los amigos y las parejas van y vienen tan fácil que a veces es imposible percatarse en qué momento terminamos inmiscuidos en unos enredos emocionales que ni siquiera uno mismo entiende y por ende a veces es necesario deshacerse de algunos de esos enredos.

Nadie dijo que era fácil deshacerse de una relación sea cual sea pero todo toma otro tinte cuando vemos una sociedad como la de hoy en la que pareciera que es tan fácil sacar a alguien de su vida como bloquearlo en Facebook. Pero todo se complica cuando existen esas personas a las cuales no es tan fácil sacarlas de la vida, porque están ahí amarradas al corazón y el alma como si no se quisieran desprender jamás, aunque tal vez hace mucho ni siquiera estén de cuerpo presente.

Y es que nadie dijo que sacar a una persona de la vida era fácil, menos cuando son personas que nos han quitado el aliento en algún momento con una sonrisa, una caricia, un beso o simplemente estando ahí.

Porque a veces la felicidad se viste de persona y la tristeza también lo hace, lo increíble es que ambos papeles los puede tener la misma persona e incluso causar una rara combinación a la vez. Como en ciertas ocasiones en las que estamos con ese ser al que amamos, pero a la vez sabemos que realmente no está ahí, una combinación de felicidad y tristeza que no se le desea a nadie.

Pero va llegando el momento en el que el olvido se convierte en la única herramienta para liberarse de todos esos pesos, rencores y amores que ya no tienen razón de ser. Porque uno también se cansa de sufrir y se cansa de esperar algo que nunca va a llegar o peor aún, alguien que nunca va a estar.

El olvido se va haciendo inminente pero desgraciadamente ni la cabeza ni el corazón dejan que este haga su efecto sanador y milagroso, porque la condición humana es tan humana que el masoquismo hace parte de la mayor parte de las decisiones que tomamos.

Pero no todo en la vida es tan malo como parece ni tan bueno como lo venden, así que tarde o temprano comienza a hacerse paso entre los sentimientos esa necesidad de olvidar y liberarse de tanto enredo, enredos que solo sirven para anclarnos en un presente que no existe y en personas que son fantasmas porque ni siquiera están allí para decirles lo que sentimos ni lo que pensamos de ellas.

Porque hay relaciones que están muertas en vida y algunas solo sobreviven de las migajas que les da el sentimiento de no querer dejar atrás algo que ya no existe. Porque es fácil mentirse a sí mismo y pensar que todo sigue existiendo cuando realmente lo único que existe es un recuerdo.

Es así como va llegando ese momento fantástico en el que se ilumina la mente y nos deja ver una luz al final del túnel, el olvido, la mejor salida.

Pero no es una salida fácil, porque nadie olvida de un día para otro como si nunca hubiese pasado nada, es un proceso que también incluye perdón, porque el olvido sin perdón solo termina siendo un lastre más que no deja vivir en paz.

Perdonar no es fácil cuando el corazón está dolido, cuando hay muchas cicatrices que a veces se convierten de nuevo en grandes heridas, como si nunca dejaran de doler y nunca pararan de existir. Cicatrices que si no se cierran del todo terminan haciendo estragos en el futuro, en los pensamientos y en la tranquilidad de quien las lleva.

El olvido termina siendo una respuesta, pero más que una respuesta para la otra persona, termina siendo una respuesta para sí mismo, porque quien olvida y perdona termina siendo el que gana, pero no gana una guerra ni algo material, simplemente gana tranquilidad porque eso de vivir pensando en quien ya no está termina siendo un castigo que nadie merece.

Por todo esto el olvido también es una respuesta y tal vez la mejor respuesta, aunque realmente nunca olvidamos por completo, la sensación de que esa persona ya no gobierne nuestros pensamientos es una gran tranquilidad, de seguir adelante sabiendo que ya no hay ataduras, de saber que podemos seguir siendo nosotros sin necesidad de seguir pretendiendo estar con alguien más.

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