El tiempo que me queda

Muchas veces me la paso pensando en lo que vendrá, en el tiempo que me queda, las cosas que aún no llegan, las personas que se irán, en fin, es como si mantuviera con un pie en el futuro y otro bien atrás, bien en ese pasado que a veces no es tan feliz como hubiese querido. Es como si vivir el día de hoy fuera un imposible porque las preocupaciones de lo que se viene siempre tienen más importancia que el presente y las tristezas de lo que hice o dejé de hacer son un peso que no me deja caminar.

Y así pasa la vida, añorando las “riquezas” y felicidades del mañana y olvidando las alegrías de hoy, porque supuestamente nada es más importante que vivir preparándose para lo que viene, desconociendo si el tiempo que me queda es un día o cincuenta años, pero no importa cuánto sea, lo que parece que importara es la ansiedad que produce el no saber lo que vendrá.

Y esto da rabia, mucha rabia, porque se vive parado encima de nada, así la vida termina siendo eso, nada. O bueno, sí termina siendo algo, termina siendo un cúmulo de recuerdos que no sirven y posibilidades que tal vez nunca llegarán.

Pero cuando miro hacia atrás me doy cuenta que tal vez es normal que todo sea así, porque la familia y los allegados siempre me inculcaron pensar en una “estabilidad” para estar supuestamente bien a largo plazo, contratos a término indefinido en empleos que no me hicieron feliz o desperdiciando mi vida con personas que simplemente no hacen grandes aportes a mi vida. Es más, algunas personas que en lugar de aportar, quitan, de esas personas que son tóxicas pero aún así uno las mantiene allí, para que lo desangren de una u otra forma.

Y es que para muchos el acumular grandes sumas de dinero y una estabilidad económica hace feliz a cualquiera, pero ese cualquiera no soy yo, porque en el fondo siempre he creído firmemente en la posibilidad de ser feliz, de lograr vivir y dejar de creer que la felicidad está en tener una pensión a los 70 años cuando ya no tenga ánimos ni salud para disfrutarla.

Porque sé que los viajes por el mundo los debo hacer ahora y no me importa si tengo o no los millones en el banco o debajo del colchón, porque de nada sirve la plata guardada, la plata es para disfrutarla, sea mucha o poca la que haya. No quiero llegar a mis últimos días pensando en todo lo que dejé de hacer, más bien quiero llegar pensando en todo lo que disfruté, lo que viajé, lo que comí, los kilitos que subí y el sufrimiento para bajarlos luego, todas esas pequeñas cosas que hacen que la vida sea grandiosa.

No quiero ser uno de esos viejitos que llegan llenos de plata a su vejez pero también llenos de sueños que nunca se hicieron realidad, quiero que cada uno de mis días sea digno de recordar, porque la vida es para divertirse, para gozarla, pero también es para chillar a moco tendido e irse de jeta contra el mundo, porque esto se trata de subidas y bajadas, no de hacer lo que los demás creen que se debe hacer.

Es triste vivir de las apariencias y mucho más triste vivir según el juicio de los demás.

Pero aún así sigo pensando en el futuro y es así como se va el tiempo y me voy quedando ahí, inmóvil, quieto, triste, acomodado en un presente que está lleno de nada. Porque en últimas de tanto esperar que llegue el futuro uno también se va cansando y se va olvidando de valorar a las personas que hoy están al lado y se olvida también de disfrutar las alegrías que van llegando.

Pero el futuro y el pasado no existen, es por eso que desde hoy elijo vivir aquí y ahora, no me importa si el avión en el que voy se cae, y tampoco me importa si llega un terremoto y me cae el edificio encima, sea como sea voy a hacer que valga la pena haber estado en este mundo.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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