Lo que pasa en Las Vegas se queda en…

Todo comenzó con una simple llamada a principios de diciembre de 2015, era la oportunidad de asistir a la feria de tecnología más grande del planeta, el CES 2016 sería uno de mis próximos destinos.

No puedo negar que la premura del viaje me tenía un tanto ansioso debido a que ya tenía New York programado para estar con mi familia el fin de año. Fue así como cuadré las fechas y aunque quedé con una agenda re apretada y en lugar de viajar New York-Las Vegas terminé viajando New York-Bogotá un domingo y el lunes Bogotá-Atlanta-Las Vegas, la verdad estaba a punto de morir porque como es común uno siempre llega más cansado de las vacaciones de lo que se fue en un principio.

Bueno, igual no importaba mucho porque sabía que Las Vegas tendría algo grande para mí, debido a ello me arriesgué a dar el salto y emprendí el viaje. En principio llegar a Atlanta era una escala en la que debía estar un par de horas y el viaje de Bogotá hasta allí era largo. Gracias a Dios me topé con una fantástica compañera de viaje, con la cual después de compartir una chocolatina terminamos compartiendo historias de vida.

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Imagen del trayecto entre Atlanta y Las Vegas.

Ya en Atlanta me dispuse a seguir mi camino a Las Vegas, ahora tengo que aceptar que esta ciudad nunca estuvo siquiera en mis planes para un viaje así fuese de placer, siempre he preferido conocer otro tipo de ciudades, pero no sabía la experiencia fantástica que me esperaba.

Al llegar al aeropuerto lo primero con lo que me topo es con miles de máquinas de esas traga monedas, es como si la ciudad del pecado diera a entender su nombre desde el primer paso que se da en ella. Al salir de allí me encontré con una ciudad llena de luz, hoteles y casinos ostentosos, cada uno más grande e imponente que el anterior.

El primer día estaba muy cansado y aunque llegué renegando y quejándome de todo por la falta de sueño después de más de diez horas de viaje, al rato con una siesta y un baño todo fue tomando forma y obviamente tenía una mejor actitud.

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Entrada al Hotel MGM con el león de oro de fondo.

En la noche una recepción de bienvenida en la que conocí muchos españoles que como siempre muy amables y sonrientes, varios mexicanos con su increíble sentido del humor y un acento que me contagia en minutos, puertorriqueños con su alegría siempre desbordante, y varios geeks gringos con su… inteligencia, mejor deje así.

Desde ese instante me prometí que iba a vivir un viaje fantástico sin importar lo que pasara a mi alrededor.

El segundo día muy temprano nos fuimos para la conferencia de prensa en la que Huawei presentaría sus nuevos productos, entre los cuales destaco el smartphone “Huawei Mate 8” con una cámara increíble que se comporta muy bien en tomas de día y sobre todo en la noche, así como también tiene un modo profesional para hacer fotos impactantes, tiene una batería que puede llegar a durar hasta dos días con uso continuo del teléfono. Luego vino el lanzamiento de un reloj inteligente con cristales de Swarovski incrustados, con lo cual todas las mujeres gritaron el unísono de la felicidad.

De allí salimos a almorzar, eso sí tragué como vaca porque podía estar muy cansado pero al menos con la barriga llena.

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High Roller o rueda de Chicago más alta del mundo. LasdVegas

En la noche nos fuimos para el High Roller que es la rueda de Chicago o noria más alta del mundo, la experiencia fue un tanto extrema ya que toca subirse a ese aparato mientras está en movimiento pues este nunca se detiene. El riesgo vale la pena porque desde el punto más alto se puede observar la ciudad llena de color y luces por todas partes. Al finalizar la noche yo estaba para recoger con cucharita del cansancio, sin saber lo que se venía luego.

El tercer día fuimos a recorrer la feria de tecnología y allí encontré una cantidad de artilugios de los cuales ni siquiera tenía idea que existieran, pero lo que más me impactó fue un computador que se podía enrollar como si fuese papel, un show de drones que parecía más bien un baile sincronizado de drones, y por último una fuente de agua inteligente que podía mostrar mensajes y figuras mientras estaba en funcionamiento. Es increíble cómo la tecnología cada vez saca tantas cosas nuevas que nunca me hubiese imaginado, casi que me sentí como un neandertal que estaba viajando al futuro.

Ese mismo día en la tarde nos fuimos para Las Vegas Motor Speedway que es una pista de carreras de autos, allí me subí en un auto que alcanzaba 350Km/h en la recta principal, fue fantástico sentir la velocidad a ese nivel, nunca olvidaré ese momento. Este plan lo pueden hacer cuando vayan y cuesta la módica suma de $99USD.

Huawei Fans Motor

En Las Vegas hay muchas cosas tremendamente costosas, con decirles que por una botella de agua en la tienda pagaba $6USD algo así como $20.000 pesos colombianos, mientras que si pedía en el bar la misma botella de agua y la misma marca costaba $35USD, unos $110.000 pesos colombianos. Una barbaridad.

En el último día de actividades tuve la oportunidad de participar de una sesión de fotografía en ‘Valley of Fire‘ o ‘El Valle de Fuego en pleno desierto’. Fue una experiencia genial el estar en un lugar árido y con un frío tenaz, pero aún así con un contraste de colores y escenarios magníficos que hacían que las fotos quedaran espectaculares.

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Valley of Fire

En la noche fuimos al Circo del Sol a ver la obra llamada “O” que se desarrolla en una piscina que se transforma en escenario sin agua y luego vuelve a ser piscina, clavadistas a más de 10 metros de altura, unos payasos re divertidos que sin pronunciar palabra desbordan carcajadas en el público, en fin, una obra que no se pueden perder si algún día van a Las Vegas aunque creo que también está en video.

Por último, ya quería volver a la casita porque me hacía falta mi cama, mis cobijas, mi pareja, mi perrita Mumú que ya llevaba veinte días sin verla, mi comida, mis amigos y todas esas personas y cosas fantásticas que solo se tienen cuando se está en el hogar.

Tengo que aceptar que me faltó mucho por hacer en Las Vegas, pues no fui mucho de fiesta ya que no había casi tiempo, tampoco me casé con la bendición de Elvis aunque intenté convencer a dos amigos pero estaban demasiado sobrios para hacerlo, no perdí ningún diente, no amanecí con tatuajes en la cara, ningún bebé amaneció llorando en el armario y mucho menos habían tigres encerrados en el baño. Aún así fui muy feliz en Las Vegas.

Llegó la hora de volver a Colombia y con unas ganas de dormir como ocho días seguidos pero la satisfacción de haber disfrutado un viaje como pocos en la vida. Aprovecho para agradecer a la gente de Huawei Colombia por permitirme vivir esta fantástica experiencia y por tratarme como un rey en todo momento. Los quiero.

Por ahora, alistar maleta para una nueva travesía de la cual pronto les estaré contando.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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