LA CRITICADERA MATA

Ya iba siendo hora de poner algunos puntos sobre las íes y qué mejor momento que este, en el que estoy reinventando mi vida. Entiendo que cada quien es libre de hacer y decir lo que le venga en gana, pero algunos se pasan, ya sea porque lo que dicen lo hacen con maldad o lo que hacen lo hacen por agredir a otros. A todos esos que solo pretenden hacer daño con sus críticas y forma de ser les dedico este artículo.

Comencemos con un tema reciente acerca del caso de los ataques terroristas en París, particularmente estuve muy dolido por lo que pasó en una ciudad tan bella, pero más allá de ello, estoy consternado por la forma tan salvaje en la que ocurrieron los hechos y todos los inocentes que murieron, no es justo con ellos ni con nadie.

El caso es que todos aquellos que nos conmovimos con el tema y comenzamos a unirnos al apoyo y acompañamiento aunque sea desde la distancia hicimos algo por mostrar nuestra tristeza y apoyo a las víctimas, ya sea en casa o redes sociales, como sea estamos en todo el derecho de hacer lo que se nos venga en nuestros espacios, con tal de que no estemos haciendo daño ni maltratando a otros seres humanos.

El caso es que un grupo de mamertos comenzó a expresar que quienes estábamos apoyando a las víctimas de los ataques en París éramos más o menos unos indolentes hipócritas porque nunca hacíamos lo mismo con lo que pasaba en nuestro país ni en otros como Siria, fue así como viles cobardes comenzaron a criticar y disparar cualquier cantidad de insultos por aquellos que hicimos público nuestro apoyo.

Y es que en eso se ha convertido nuestro país con las redes sociales, no sé qué tanto ocurrirá este mismo fenómeno en otros lados, pero en Colombia está llegando a la degradación total. Gente que se burla de los demás por su apariencia o simplemente porque no comparten sus mismos gustos o formas de pensar, personas miopes para quienes solo vale su propia verdad y creen que sus vidas son menos miserables al criticar a los demás.

Nos convertimos en una sociedad a la que no le importan las demás personas, una sociedad egoísta que le encanta señalar la paja en el ojo ajeno y se olvida de mirar las grandes tormentas que cada uno lleva en su interior. ¿Será que las personas se creen menos imbéciles cuando insultan a otros por sus preferencias sexuales, color de piel o formas de pensar? Seguramente se creen grandes, pero lo único que terminan siendo son grandes idiotas.

Y es que ya me mamé de ver tantos personajes que se esconden tras un perfil falso en Twitter, Facebook o Instagram para apuñalar a punta de violencia con sus mensajes a los demás, que se sienten gigantes por andar señalando a cada quien por lo que hace y deja de hacer en lugar de darse cuenta que son una partida de parásitos que ni siquiera viven tranquilos por estar pendientes y sufriendo por los demás.

Aquí no se trata de apoyar las víctimas de uno u otro país, de indignarse con el conflicto que hay en Francia, Colombia o Siria, aquí lo que realmente importa es que cada quien es libre de sentirse conmovido con lo que su corazón le dicta y no con lo que le impone un grupo de personas que nada tiene que ver en su vida, que ni siquiera le dan de comer como para andarles debiendo favores.

Si usted es de los que anda criticando en sus redes sociales o la vida diaria a los demás por qué mejor no hace un alto en el camino y comienza a mirar para dentro, tal vez encuentre que toda esa rabia e impotencia contenida que suelta en los mensajes que escribe a personas, que seguramente ni conoce, simplemente son señales de que la tormenta que lleva en el interior es tan asquerosa y vasta que seguramente por ello es que quiere dañar a los demás en lugar de sanarse a sí mismo.

Si usted es víctima de estos agresores que solo buscan llamar la atención y sentirse un poco menos imbéciles de lo que ya son entonces lo invito a que siga apoyando sus causas de corazón, porque nada hace más grande al ser humano que moverse en pro de la gente y las causas que lo necesitan. A veces creemos que un simple post en una red social o una frase de aliento no hacen la diferencia, pero no se imaginan el poder que tienen de cambiar la vida de los demás.

Por último, a todos aquellos que quieren llamar la atención y seguramente me atacarán por lo que escribo en este artículo les deseo que en algún momento de sus vidas se den cuenta del daño que se están haciendo a sí mismos, llenándose de veneno y rencor por una persona que ni conocen, haciendo con los demás lo que seguramente alguien ha hecho con ustedes al no tener piedad.

Ojalá algún día todos caigamos en cuenta de que vinimos a este planeta para ayudar a los demás y no para dañar, matar ni burlarse de la gente, ese día acabarán las guerras sin sentido y los odios sin razón.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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QUÉ PEREZA LA GENTE FANTOCHE

Todos en la vida nos hemos cruzado con algún personaje que ha tenido ciertas ínfulas de grandeza podrida, se la pasan presumiendo de todo lo que no tienen y jamás llegarán a tener por andar pregonando a los cuatro vientos lo supuestamente exitosos y bendecidos que son, cuando realmente por dentro andan podridos de tantas mentiras que le dicen a los demás y que al final hasta se terminan creyendo ellos mismos.

Para nadie es un secreto que hoy en día con el tema de las redes sociales los fantoches se han multiplicado como nunca antes, ahora se la pasan haciendo alarde de un sinfín de pertenencias, amistades y aspectos físicos que ni siquiera les pertenecen.

Hoy en día se la pasan fantochando con cuestiones tan ridículas como el número de Likes que reciben en las fotos o peor aún con el número de seguidores que tienen en Twitter o Instagram, puras pendejadas que no le interesan a nadie y que terminan mostrando lo vacías que son las personas que hacen alarde de ello.

Y es que hoy en día pareciera que muchos están en una carrera por demostrar que son más, que tienen más, que viajan más que los demás, hasta llegan a ser tan ridículos que entran en una competencia por ver quién tiene el abdomen más marcado o los pectorales más grandes. Es como si les hubieran hecho una lobotomía para extirparles la parte del cerebro encargada del sentido común y los valores humanos.

Pareciera que hoy las personas valieran más por salir bien en la selfie que montaron en Instagram que por sus labores al servicio de la humanidad, ya no valen la honestidad ni la sinceridad porque lo que realmente vale son lo retoques que se le hacen a las fotos para que todos crean que tienen el cuerpo perfecto.

Lo triste es ver cómo las nuevas generaciones se van dejando llevar cada vez más y más de ese pensamiento de la carrera consumista, en el que no vale lo que uno piensa ni lo que uno es, sino lo que más vende y da de qué hablar.

Pero todo esto tiene una razón de ser, el ser humano cada día se interesa más en ser el mejor y se interesa menos por sentirse bien consigo mismo, porque deja su autoestima y sus raíces en el olvido con tal de encajar en una sociedad que lo único que le brinda es una cara hipócrita y le patea el trasero cuando deja de ser “cool” o deja de tener lo que decía tener.

Y es por esto que cada vez más personas tienden a desaparecer como seres humanos y terminan siendo productos de uso y desecho, porque aprenden a venderse muy bien con una imagen de físico perfecto, trabajo perfecto, pareja perfecta y vida… bueno, una vida hecha mierda.

Claro que es respetable que cada quien se muestre como le da la bendita y regalada gana, lo triste es que estas personas terminan siendo presas de sus egos y falta de principios, porque con su ley del todo vale terminan padeciendo el desastre perder su identidad por haber querido encajar en donde tal vez nunca quisieron/debieron encajar.

Porque la presión de la familia, los amigos y la sociedad termina siendo tan fuerte quelas personas se convierten en piezas hechas a la medida para encajar, porque eso es lo único que les importa, no importa para nada el ser diferente y querer no parecerse al ídolo juvenil del momento, aunque también es lo más fácil, siempre será más fácil copiar lo de otros que tener la creatividad suficiente para resaltar como un persona que se caracterice por ser diferente.

Pero esta carrera por mostrar vidas perfectas y seres humanos esculpidos en el mismo Olimpo termina cayéndose por su propio peso, porque las mentiras no duran para siempre y tarde o temprano cada quien se cansa de aparentar lo que no es y pensar como no quiere, porque en últimas todos tenemos algo que nos diferencia del resto de la humanidad, y eso es lo que no hace valiosos para este mundo.

Una de las características más valiosas en un ser humano es la humildad, pero más valioso cuando se está en la cima y se tiene todo, porque es allí donde se demuestra la grandeza del hombre.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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ME DEBATO ENTRE EL PERDÓN Y EL OLVIDO

En estas épocas en las que andamos hablando del perdón y la Paz me puse a pensar si realmente he terminado haciendo la Paz con las personas que en algún momento han causado algún daño en mi vida o simplemente me dediqué a olvidar o mejor dicho intentar olvidar lo malo que me hicieron y seguir adelante como si nada hubiera pasado.

Primero debo confesar que estoy convencido plenamente de que en el daño que le hacen a uno también hay responsabilidad propia, es decir, uno mismo se termina buscando los problemas en la mayoría de los casos.

Ya sea por meter la cabeza donde no se debe o continuar relaciones de pareja o amistades que simplemente no traían nada bueno a la vida. Pero como todo en la vida trae sus consecuencias tarde o temprano uno se termina preguntando por qué diablos tuve que haber padecido el desastre que X o Y persona trajo a mi vida.

No todo lo que le llega a uno son karmas, no necesariamente, en muchos casos la vida le pone a uno pruebas que simplemente fortalecen el carácter o le ayudan a superar grandes obstáculos que uno no creía tener. Nada es gratuito, todo pasa por algo.

Es así como comencé a hacer una lista de esas personas que han pasado por mi vida y dejaron algún tipo de huella, pero una huella negativa, de esas de las que uno se arrepiente una y otra vez por haber caído y haber creído.

Fue así como a través de un proceso de introspección comencé a evaluar cada uno de los casos que ocurrieron e hice un balance de cuáles eran aquellas personas a las que realmente había perdonado y aquellas de las que simplemente había olvidado el desastre que habían dejado en mi vida.

Fue terrible el caer en cuenta que muchos de esos desastres me los pude haber ahorrado con el simple hecho de no permitir que alguien que no tenía ninguna autoridad en mi vida haya llegado a querer abusar de mi tranquilidad. Pero tampoco es el caso hacerse la víctima, cuando uno le da el poder a los demás de que jueguen con su vida no hay que quejarse después.

El listado era grande, tal vez porque a veces dramatizo demasiado las circunstancias o simplemente porque tuve demasiado tiempo para ponerme a revisar cada uno de los tropiezos, aunque hayan pasado décadas desde que ocurrieron, pero la lista comenzaba a ser cada vez más larga.

Otra de las grandes conclusiones que pude sacar es que pocas personas llegan sin interés alguno, y también son pocos los que andan por el mundo sin una actitud egoísta. Me explico, las personas regularmente llegan a la vida de uno y esperan algo, o simplemente llegan creyéndose el centro del universo y uno termina siendo simplemente un instrumento más de sus egos.

Y de allí se desencadenan todos los problemas que se pueden tener con el resto de seres humanos, por una lucha constante de sobresalir el uno sobre el otro, cada quien es llevado de su parecer y sus antojos sin tener en cuenta lo que quieren los demás.

Pero sigamos con el ejercicio, al final separé los casos en los que realmente había perdonado a aquellas personas y otros en los que simplemente me había hecho el loco con lo que había pasado, seguramente muchos me crucificarán porque el resultado fue que en la mayoría de los casos el proceso de perdonar no había sido nada exitoso, así que simplemente me había hecho el de la vista gorda y eché todos esos malos recuerdos en el cajón del olvido. En resumen me hice el pendejo.

Pero lo más grave y a la vez la mejor conclusión del ejercicio es que todas las veces en las que el olvido le había ganado al perdón tenían una característica en común, yo no había tenido el tiempo ni la voluntad suficiente para perdonarme a mí mismo por haber permitido aquellas circunstancias en las que supuestamente jugaron conmigo.

Y es así como decidí comenzar a recopilar datos e información de los casos que más me afectaron en su momento y me di cuenta que aún me seguían afectando de cierto modo, es increíble como uno cree que está libre de rencores y malos pensamientos pero en el fondo simplemente es una pared la que esconde toda esa basura que se guarda adentro.

De este modo decidí comenzar a sincronizar la cabeza con el corazón y proseguir a evaluar, pasando esas circunstancias del olvido al perdón, pero no es nada fácil y ahí sigo en la lucha de terminar de organizar la casa, pero pasa como en la vida real, cuando uno mueve un mueble y cree que ya todo está en su lugar se termina dando cuenta de que detrás de ese mueble había mucho más por ordenar.

Y ahí sigo, ordenando y desordenando todo, porque qué sería la vida si uno no se permitiera de vez en cuando hacer un análisis de lo bueno y lo malo, es sano para la vida y es sano para la mente, desintoxicarse de tanta pendejada que solo estorba, seguir adelante y aceptar que es mejor perdonar que olvidar, porque cuando uno perdona el corazón se tranquiliza y las cucarachas terminan saliendo de la cabeza.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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LO QUE NO SIRVE QUE NO ESTORBE

Uno se pasa la vida conociendo gente por un lado y por otro, se hacen grandes amistades, algunos simplemente pasan a ser recuerdos, otros terminan en el olvido y así. Y es que si uno se pone a hacer la lista de cuánta gente conoce no termina nunca, pero algo sí es claro, cuando uno hace la lista de las personas tóxicas se facilita la cosa, porque uno siempre las tiene bien identificadas, o por lo menos en la mayoría de los casos.

Son muchos los que llegan a la vida de uno a ayudarlo a caminar pero no se puede negar que también hay algunos que vienen a ponerle zancadilla, esos personajes que aparecen de la nada y se van convirtiendo en una piedra en el zapato, pero lastimosamente a veces nos damos cuenta muy tarde del gran daño que nos hacen.

Es así como uno tiene grandes amigos que pareciera que son eternos y completamente transparentes, pero el día que menos piensa se convierten en monstruos que acaban con la reputación y los sentimientos de cualquiera, y es que confiar en las personas es muy difícil, sobre todo hoy en día que los chismes vuelan por Whatsapp y cuanta red social se atraviese por allí.

Pero si somos un poco más prácticos y menos dramáticos nos damos cuenta que también hay mucho pendejo inútil en la vida de uno, personas que llegan y se pegan como parásitos, solo se encargan de quitarle las buenas energías mientras que ellos no aportan ni para la cuenta del restaurante, pero aquí no estamos hablando de la gente tacaña, aunque ciertamente esos también deberían de salir como pepa e’ guama de la vida de uno.

Continuando con los tóxicos, esos parásitos comienzan a alimentarse de todo lo que uno es y lo que uno hace, como si ellos no pudieran producir nada por sí mismos, aunque en la mayoría de los casos así es. Se alimentan de la imagen de uno y a la vez la destruyen, porque todos hemos tenido esos “amigos” que andan con uno cuando está en las buenas, pero aún en esos casos no falta que le den la puñalada trapera y hablen pestes por detrás.

Es como si tuvieran que vivir haciendo daño, aún a personas que los tratan bien, ellos no comen de nada, van por ahí destruyendo todo lo que se les atraviesa. Lo más preocupante es que esos personajes son lobos con piel de oveja, cuando uno los ve sonrisita va, sonrisita viene, halagos por aquí y por allá, cierto el caso que uno les cree el cuento y termina cayendo en sus redes, peor aún cuando les termina contando intimidades de su vida que después se convierten en la metralla con la que nos atacan.

También están los que se la pasan criticando todo lo que uno hace y deja de hacer, porque para ellos uno siempre actúa y decide mal, le critican la pareja, la forma de vestir, el trabajo, la casa, y cualquier otra cosa que sea susceptible de ser criticada. Pareciera que nada de lo que uno es y hace les gustara, es ahí cuando no se entiende como siguen al lado de uno si todo les parece horrible.

Y es que uno se va cansando de andar sosteniendo amistades falsas y soportando gente que no vale nada, porque con los años uno se da cuenta que solo aquellos que realmente valen la pena siguen allí para apoyar, pero no para andar alimentándose de nuestras desgracias ni aborreciendo lo que somos.

Hacer la cuenta de la gente tóxica es muy fácil, lo difícil es aceptar que esas personas se deben ir de nuestras vidas, porque algunos están ahí hace mucho y otros que tenemos allí por compromiso, nada más haga un ejercicio breve, revise su lista de amigos de Facebook (no cuenta la familia, aunque en algunos casos debería), y vaya sacando una cuenta de la gente que mantiene allí por mera obligación moral, por así decirlo. Seguro esta cuenta llegará a ser alta, pero no se preocupe, tenerlos en Facebook no es tan grave como mantenerlos cerca de su vida, eso sí es peligroso.

Y es que en últimas uno necesita deshacerse del peso muerto para seguir adelante, y qué más peso muerto que todos aquellos que no aportan absolutamente nada. Tenemos que aprender a sacar a esa gente jarta de nuestras vidas, porque de nada sirve sostenerlas allí.

Lo increíble es que aunque seamos conscientes de que debemos alejarnos de ciertas personas igual no nos atrevemos a hacerlo, ya sea porque creemos que de pronto en el fondo valen la pena o simplemente porque somos tan pelotudos que ni nos enteramos de lo mala leches que son.

En últimas lo único que se debe hacer es seguir los instintos, esos sí que no fallan, cuando uno siente que hay gente negativa a su alrededor es fácil distinguirlos, lo único que hay que hacer después de ese punto es amarrarse los pantalones y mandarlos para la mismísima porra, porque allá es donde merecen estar en lugar de estar jodiéndonos la vida.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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