LA HERIDA ESTÁ SANADA CUANDO SE RECUERDA SIN DOLOR

En cuestiones del amor todos creen tener la razón, ya sea porque están tan empendejados que no pueden ver la realidad tal cual es o porque han sufrido tanto que están completamente desilusionados y destruidos por dentro.

Sea como sea aquí la cuestión es que salir de una relación y volver a creer es muy difícil, tan difícil que a veces pasan años y aún seguimos sufriendo por lo que nos hizo una expareja, como si hubiera sido el fin del mundo que nos acabó con cualquier esperanza de volver a recomponernos, de volver a pensar que somos buen material para estar con alguien más.

Y es así como pasan los días, los meses y los años y no entendemos el porqué de no poder superar un despecho, que aunque ya no duela sigue haciendo estragos en nuestras decisiones. Es como si uno llevara un lastre que no puede dejar atrás y que a la vez destruye todo lo bueno que podría llegar.

Pero no todo queda allí, uno sabe que tiene mucho para dar pero no se da cuenta qué es lo que lo detiene para dar todo de sí, es como estar enceguecido delante de una gran respuesta, respuesta que es evidente pero pocas veces podemos o queremos aceptar.

Cuando uno recuerda con dolor a esa persona que hizo parte de su vida es porque hay algo que aún no ha sanado, porque falta perdón, faltan palabras de adiós o simplemente falta entender que realmente esa persona ya partió de nuestras vidas.

Es como si quisiéramos nunca soltar a ese personaje porque nos hizo tan felices y tanto bien que sería un gran desacierto hacerlo. Porque nos creemos incapaces de conseguir alguien mejor, alguien que supere las expectativas que tenemos, que nos haga volver a vivir y tal vez de una forma más intensa de lo que ocurría en el pasado.

Y seguimos desperdiciando el tiempo recordando los momentos de felicidad y de dolor, como si fuera una terapia que lo único que hace es agravar el desespero. Nos encapsulamos en momentos del pasado y perdemos toda noción de lo que podemos y queremos hacer con nuestras vidas.

Lo peor es que en muchas ocasiones nos mantenemos en los momentos de dolor, en esos últimos respiros de la relación que se volvieron insufribles, en esos dramas de nunca acabar que pronto terminan acabando hasta con uno mismo.

Y ese realmente es el problema, no nos enseñaron a perdonar, no nos enseñaron que la vida es un constante borrón y cuenta nueva, porque todo ha de ser dramático, terminar una relación es el fin del mundo y nada ni nadie nos hace cambiar de idea.

El fin de una relación se convierte en el fin del mundo y si no pasamos por el máximo de dolor permisible es como si no hubiéramos amado nunca.

El dolor es simplemente una consecuencia de haber vivido momentos fantásticos con una persona y terminar siendo absolutamente nada, echando a la basura una cantidad de cosas que en su momento tenían gran significado pero que ya no lo tendrán más.

Y es que no nos enseñaron que uno debe pasar la página, no nos enseñaron que todo tiene un comienzo y un final, está bien que haya dolor pero tampoco hay que echarse a morir gracias a ello.

Y la principal causa por la que no podemos olvidar es porque tampoco aprendimos a perdonar, es como si necesitáramos estar llenos de rencores con esa persona que se fue, como si tuviera una obligación de haberse quedado con nosotros por siempre, y eso nos duele, nos duele como un putas, tanto nos duele que perdemos la capacidad de recordar a esa persona sin dolor.

Aprender a soltar el dolor es clave a la hora de reconstruir la vida, aprender a olvidar lo malo con tal de seguir un camino hacia la felicidad, viendo la felicidad no necesariamente como tener de nuevo una vida en pareja sino también como la oportunidad de estar solo y aprender a querernos un poco más como somos y un poco menos por cómo nos ven los demás.

Aquí la clave es entender que para ser feliz no se necesitan grandes sumas de dinero ni una persona al lado, lo que se necesita para ser feliz es aprender a pasar la página, olvidar lo malo y quedarse con lo bueno que nos da la vida, saber que todo viene y va pero el único que se queda es uno mismo.

Hay que aprender que quererse un poco es saber desechar lo que no nos sirve, quedarnos con lo que nos ayuda a crecer y saber perdonar a quien nos ha hecho daño.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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