Cuando uno se traga las palabras

Últimamente me he puesto a hacer un recuento de las muchas veces que he callado con tal de que las cosas vayan bien, ya sea por no molestar, para no herir, por no perder una oportunidad, para quedar bien ante la gente, en fin, son muchas las ocasiones en las que he puesto una tapón en mi garganta para que no pasen palabras que según mi parecer no deberían salir.

Y es que uno se pasa la vida intentando agradar y hacer felices a los demás y termina por olvidarse de hacer feliz a la persona más importante, obviamente uno mismo. Es como si no nos permitiéramos ser auténticos por andar dando prioridad al “qué dirán”, como si tuviese más valor la tranquilidad ajena que la propia.

Es así como con los años uno comienza a darse cuenta que tanto callar no vale la pena, porque con la experiencia o madurez viene también la aceptación de lo que somos y lo que sentimos, es como si con los años se aprendiera que vale más estar tranquilo con uno mismo que andar calmando tempestades ajenas.

En la vida callamos para tener a nuestros familiares felices, callamos algunos que para nosotros son grandes problemas pero terminan siendo fáciles de resolver y callamos pequeños desacuerdos que acaban por ser grandes angustias.

Callamos lo que queremos para no ser juzgados, callamos amores porque parecen imposibles, callamos recuerdos que se quedan para siempre, callamos simples palabras de cariño por no parecer débiles.

Y así pasa la vida, reteniendo infinitas palabras, frases y discursos que alguna vez debimos haber dicho, terminamos por enterrarnos en lo que los demás quieren escuchar de nosotros, como si nuestra opinión y nuestros deseos fueran de segunda mano.

Vale la pena callar cuando no se tiene valor suficiente para enfrentar las consecuencias de las palabras, vale la pena callar cuando no estamos dispuestos a enfrentar la felicidad porque preferimos hacer felices a los demás con el silencio, en lugar de ser felices nosotros mismos con la verdad.

En algunos casos callar también es mentir, porque quien deja de decir algo que debería decir termina siendo cómplice del engaño, en este caso callar se puede convertir en delito, aunque el mayor delito es mantener la boca cerrada por agradar a los demás.

Es incomprensible como muchos aniquilan su opinión por aceptar la de los demás, de sus amigos, de su familia, de personas con las que ni siquiera tienen una conexión emocional, todo por la simple y sencilla razón de mantener una imagen que termina siendo más falsa que una moneda de cuero.

Hay cosas en la vida que tienen un valor incomparable, cosas como decirle la verdad en la cara a quien lo merece, porque poner los puntos sobre las íes es una situación bien complicada pero que al final da un fresquito incomparable, es como si uno después de soltar todo lo que tenía guardado pensara en todo el tiempo que perdió sin decir lo que debía en el momento justo.

Y así pasa la vida, con silencios que se llevan hasta la tumba y con palabras que lo llevan al cielo, porque es mejor hablar cuando se debe que atragantarse luego, porque las palabras se hicieron para usarlas y las verdades, nuestras verdades para ser escuchadas.

Porque quien está con uno está por lo que es, porque quien lo ama lo ama como es, porque no merecemos andar cayendo bien por ser entes silenciosos e inaportantes.

Las palabras tienen un poder que difícilmente pueda ser comparado con algo más, porque con ellas podemos ganar o perder millones y también amores. Y quién no ha dicho una frase por la que se ha acabado una relación, obvio al principio duele como un putas y uno se echa la culpa por bocón, pero después se da cuenta que todo pasa por algo y gracias a ello se salvó de pasar el resto de sus días con ese personaje que tal vez no valía la pena.

Y así pasa la vida, con silencios eternos y palabras que se deben o no decir, al final lo que importa es lo feliz que uno sea con lo que calla o lo que dice, porque no vinimos para encajar en moldes ni para agradar a todo el que se nos atraviesa. Cuando entendemos esto el camino se aliviana y seguir adelante es más fácil sabiendo que lo que más importa es algo que todos buscan pero pocos logran entender, ser feliz.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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