Cuando uno se empelicula

Hay días en los que uno siente como si estuviera poseído por una fuerza sobrenatural que lo hace pensar pendejadas, es como si el universo conspirara por el cerebro comenzara a procesar una cantidad de información que a veces ni existe pero que se inventa sin importar el momento ni el lugar.

Todos en algún instante de nuestras vidas nos hemos empeliculado, es uno de esos momentos en los que uno se mete en un cuento que en lugar de ser de hadas parece de demonios. La cabeza da mil y mil vueltas y solo es necesario el más mínimo indicio para comenzar a hacer una película que ni siquiera Spielberg sería capaz de hacer.

Hay tres tipos de empeliculadas de las cuales no se sabe cuál es peor que la otra, a continuación las veremos.

1. La empeliculada creativa

Este tipo de empeliculada es aquella en la cual uno no tiene nada más que hacer que comenzar a inventarse una cantidad de cuentos así de la nada, son momentos de máxima creatividad que se invierten de la peor forma porque lo único que hace es llenarse la cabeza de cucarachas, sin que nada ni nadie le haya hecho o dicho nada.

La empeliculada creativa tiene sus inicios en el desocupe y las ganas de dramatizar todo, es como si uno quisiera armar peleas donde no las hay y agarrase con cualquiera simplemente porque sí. Regularmente este tipo de empeliculadas ocurren cuando uno tiene una relación de esas medio locas, como que necesita dramatizar cualquier tipo de situación con tal de mantener la chispa, la chispa de la pelea encendida.

Grave cuando uno anda con empeliculadas creativas porque quiere decir que hay un tema o persona que lo obsesiona tanto que lo lleva a un punto tal de inventarse cosas. Hay que tener cuidado si uno se está empeliculando de esta forma porque quiere decir que es probable que esté al borde de tener que visitar al psiquiatra.

2. La empeliculada con razón aparente

Muchas veces hay razones para empelicularse, y vaya uno a saber si en realidad esa película que se está armando de pronto tenga razón de ser, porque puede ser que el sexto sentido le está avisando que algo está pasando y que no puede ser tan pendejo de dejar pasarlo así no más.

Para empelicularse uno no necesita una gran historia o una gran prueba para hacerse mil ideas en la cabeza, solo se necesita el más mínimo rastro de que algo puede estar pasando, desde una llamada que no contestó su pareja estando en frente de uno, hasta un mensaje de Whatsapp que para leerlo volteó el celular con tal de que uno no alcanzara a ver nada. Es como si fuera un sabueso al acecho de cualquier cosa que le sirva para comenzar a rodar la película.

En muchos casos estas situaciones que desatan una tormenta en la cabeza terminan siendo simples situaciones que no merecían ni el más mínimo gasto de tiempo pensando en ellas, pero hablemos de esos casos en los que estos indicios sí están diciendo que algo puede estar pasando.

Cuando uno se empelicula y la prueba de la empeliculada es un hecho real entonces todo comienza a tener forma, es ahí donde cada uno de los efectos especiales que le montamos a la película tiene una razón de ser, aunque todo hay que decirlo, a veces nos pasamos de efectos especiales y la película termina muy pero muy mal.

3. La empeliculada cula

Este tipo de empeliculada es aquella en la cual uno se mete en un cuento al que no lo llamaron, a un entierro en el que no tiene velas.

La empeliculada cula es aquella en la cual uno cree que hace parte de algo o alguien sin siquiera tener un indicio claro de que así sea. Es como cuando uno sale con alguien y después de la primera cita se monta en la película de que van a ser felices por siempre juntos, en muchos casos hasta programa un matrimonio mental con ese personaje, cuando realmente ahí no hay nada.

También ocurre cuando ha comenzado a charlar con alguien y sin que se hayan dado el primer beso siquiera, comienza a celar a esa persona porque habla con X o Y personaje, no, eso no se hace.

Las empeliculadas culas son aquellas en las que uno se mete de gratis y sale más golpeado que si se hubiese caído de la punta del Everest, porque uno se mete en un cuento en el cual nunca tuvo siquiera un papel secundario, ni terciario ni cuaternario, porque seguramente uno no hace ni hará parte de la vida de esa persona pero aún así se cree el cuento. Igual, soñar no cuesta nada, aunque el totazo cuando se despierte sea duro.

Moraleja Cangrejiana: la mente es mejor tenerla ocupada en personas y cosas que realmente valen la pena, empelicularse es la peor forma de preocuparse por algo, pues lo más probable es que la película solo quede en su cabeza, porque si sale de allí lo único que puede hacer es estragos. Aunque, tenga cuidado, porque si la película termina siendo un caso de la vida real, entonces usted ya no andaba empeliculado sino que más bien puede ser un detective o porqué no, un vidente.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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