No entiendo a la gente que no le gusta la Navidad

No entiendoDesde que tengo uso de razón he tenido una pasión fervorosa por la Navidad, es algo así como que desde enero estoy esperando que llegue diciembre para armar el árbol, poner el pesebre y llenar mi casa de cuanto Papá Noel y oveja que encuentre.

Creo que esto también es una cuestión de familia, en mi casa siempre teníamos la costumbre de montar la Navidad desde noviembre sin importar que nos dijeran intensos o como dicen ahora #DejenViviraNoviembre. Creo que noviembre es un mes que sabe que le toca compartirse con los jolgorios de diciembre, y es que no hay gran fiesta que celebrar en noviembre, por lo menos no una tradicional.

Por otro lado, conozco muchas personas a las cuales no les gusta la Navidad ni poquito, no entiendo por qué, pues en esta época es muy común ver a las personas que andan de buen ánimo (a excepción de los taxistas bogotanos que no lo llevan a uno a ningún lado y hasta le sacan cuchillo) pero en general todos andamos de buena vibra.

Así que me dediqué a investigar un poco de estas personas que andan como el Grinch por esta época, encontrando historias fuertes y devastadoras. Por ejemplo, algunos no quieren mucho esta época porque perdieron algún ser querido y esto les trae malos recuerdos, otros ni siquiera quieren escuchar un villancico porque no tienen a nadie con quien celebrar estas fechas.

También existe un tan grupo de personas que tiene como argumento que esta es una época dedicada al consumismo, lo cual es poco discutible porque en parte tienen razón, pero a quién no le gusta ir de compras, así sea para comprarle un dulce a esa persona que tanto quiere. El tema es que no se trata de dar grandes regalos, sino de dar regalos con el corazón, no hay nada que engrandezca más al ser humano que el compartir sus riquezas con las personas que ama o que lo necesitan.

Y es que no hay mayor satisfacción que ver un niño cuando recibe su regalo tan anhelado, su cara brilla y la felicidad es tal que los adultos somos completamente felices de presenciar ese momento. En el caso de los adultos no hay que negar que existen personas materialistas que siempre están esperando regalos caros y extravagantes, de esos no nos podemos librar, pero podemos apreciar infinitamente a las personas a quienes con solo regalarles un poco de nuestro tiempo los haces felices.

Esta es una época de encontrarse con la familia y con los amigos, de entregar lo mejor de lo que somos y lo que tenemos, porque nunca estaremos tan solos como para no tener a alguien al lado que al menos nos quiera un poco. Aprendamos a vivir esta época como es y preguntémonos si a veces nos ponemos en contra de la Navidad solo porque queremos amargarnos el momento sin razón alguna o se lo queremos amargar a las personas que nos rodean.

Moraleja Cangrejiana: Preguntémonos si no será mejor dejarse llevar por la magia de este mes, de vez en cuando es bueno dejarse querer un poco y querer un poco a los demás. No saquemos excusas en donde no debe haberlas, entreguémonos a la Navidad sin prejuicios ni pretensiones, nos esperan las novenas, los amados bueñuelos, la natilla, el marrano, las galletas, el pavo y cualquier cantidad de alimentos altos en carbohidratos, que nos harán engordar como cerdos pero seremos unos gorditos llenos de felicidad, eso sí con las arterias tapadas y unos cuantos años menos de vida.

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Somos un cúmulo de excusas

ExcusasLa vida nos presenta un sinnúmero de oportunidades de hacer las cosas, ya sean buenas o malas, grandes o pequeñas, pero nos da miles de oportunidades de cambiar, de seguir adelante, de sorprendernos a nosotros mismos con capacidades que jamás creíamos tener. El problema es que en muchas ocasiones por no decir en la mayoría dejamos que las oportunidades pasen por el simple hecho de llenarnos de excusas, excusas que tal vez luego pagaremos muy caro.

Hay un grave problema y es que la mayor parte de la vida nos la pasamos conociendo más a los demás que conociéndonos a nosotros mismos, grave error. Cuando comenzamos a conocernos a profundidad es cuando nos damos cuenta realmente cuáles son nuestros sueños, en lugar de estar viviendo sueños de terceros.

Es así como permitimos que nuestras vidas se llenen de una cantidad de historias ajenas, con grandes viajes que otros hicieron, espectaculares aventuras que lograron nuestros amigos, grandes fortunas que amasan conocidos y fantásticos momentos que le pasan a todos menos a nosotros, pero las historias las conocemos muy bien y a veces las contamos con un ánimo tal que pareciera que estas son propias.

Lastimosamente muchos terminan viviendo historias que no les pertenecen, por el simple hecho de no tener relatos propios que contar, porque nos dedicamos a tejer con lana ajena, porque no tenemos el coraje de crear por y para nosotros mismos.

Tememos arrojarnos al mundo sin miedo al qué dirán, sin miedo a perder la seguridad de un salario, sin miedo a estar solos. Precisamente allí están algunas de las excusas más populares dentro del infinito abanico que tenemos, porque nos enseñaron a tener miedo a la vida, miedo a los cambios y aunque parezca increíble, miedo a ser felices.

Es así como todo este tipo de piedras en el camino que nosotros mismo ponemos se van convirtiendo en nuestros principales enemigos, para lograr lo que queremos hacer con nuestras vidas. Nos llenamos de excusas tontas que no sirven ni siquiera para limpiar la poca dignidad que nos queda ante nosotros mismos, porque nos conformamos con la idea de hacer lo que hace la mayoría, porque en cierto modo nos han enseñado que esa es la forma correcta de actuar.

Tenemos un sinnúmero de excusas pendejas para llenar nuestras vidas de triunfos a medias, de relaciones mediocres, de trabajos insoportables, de encierros sin razón. No nos permitimos volar, ser grandes, porque ser grandes no es amasar grandes fortunas ni tener grandes reconocimientos, ser grande se resume en tener una vida plena, en la que cada quien decide qué lo hace feliz, sin importar lo que piensen o digan los demás, sin tener el signo del dinero marcado en la frente.

Ahora, es tiempo de volar, dejar las excusas atrás, comenzar a viajar, a comer, a conocer gente, a estudiar eso que siempre quisimos estudiar, a conseguir el trabajo de nuestros sueños o crear nuestro propio negocio, en muchos casos este trabajo no estará detrás de un escritorio. Comencemos por quitarnos esos pesos de encima que no debemos llevar, perdonemos a quienes han influido para que hoy en día pongamos tantas excusas y sobre todo perdonémonos nosotros mismos por haber puesto tantas piedras en el camino para ser realmente felices.

Moraleja Cangrejiana: el día en que nos deja de importar lo que dicen, hacen y piensan los demás es el día en el que comenzamos a ser realmente nosotros mismos.

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