No nacimos para encajar en un molde

PicsArt_1409194377602Hay momentos en la vida en los que uno busca cambios y en medio de ellos se encuentra con crisis en las que no sabe ni para dónde ir, como que todo parece venirse de jeta contra el mundo, esos momentos en los que uno cree que nadie está ahí para ayudarle y que todos los problemas son tan grandes que no tienen solución. Momentos en los que uno cree que la mejor solución es echar reversa y retomar lo que había dejado atrás, tal vez la peor decisión que se pueda tomar.

Son esos momentos de la vida en los que uno decide echarse al agua, darse la pela, enfrentarse al mundo, tal cual. Porque ya es hora de hacer lo que realmente le apasiona, porque ya es hora de dejar las máscaras atrás o simplemente porque cree que hay un mejor rumbo que tomar, esos momentos en los que uno decide renunciar a muchas cosas con el sueño de conseguir muchas otras.

Y es que no es fácil dedicarse a hacer lo que uno realmente quiere hacer, ni ser quien uno de verdad es. Yo sé que parece extraño, pero para muchos es más fácil llevar máscaras con tal de ser aceptado por su entorno, o mejor dicho, por la sociedad. También es fácil seguir haciendo lo que siempre hemos hecho, igual lo sabemos hacer muy bien y será difícil que alguien nos quite el “privilegio” de seguir en esa zona de confort que seguramente nos da mucha tranquilidad pero también nos hace infelices.

No nos digamos mentiras, siempre es mucho más fácil ser lo que todo el mundo quiere que uno sea, porque desde pequeños nos están vendiendo un mundo en el que lo importante es ser aceptado, tener un trabajo estable y ser uno más del montón, como si eso fuera suficiente para muchos a quienes los estigmas, los esquemas y los lineamientos de la sociedad nos saben a cacho (o sea muy mal).

De un momento a otro la vida va pasando y uno se da cuenta que todo el tiempo se la pasó haciendo lo que los demás querían: porque era la carrera que toda mi familia ha estudiado, porque era la empresa donde han trabajado todos mis ancestros, porque en mi familia no pueden haber artistas, porque ser homosexual es un pecado, porque casarse y tener hijos es lo que todo el mundo debe hacer, porque hay que estudiar algo que de plata, porque y porque y porque…, y nos pasamos la vida con una cantidad de justificaciones pendejas que solo nos llevan a ser lo que realmente NO SOMOS.

Ley Cangrejiana: “La vida es eso que pasa mientras sigues siendo todo lo que a los demás les da la gana que seas y cada vez estás más lejos de quien realmente quieres ser”.

Uno tiene que aprender a soltar, a soltar todos esos pesos que nos echan desde pequeños y que a medida que vamos creciendo nos afianzan y nos van echando cada vez un poco más de peso, como para que no nos podamos mover de ese punto, de esa situación “ideal” que a todos hará felices por siempre, porque en últimas “es lo que debemos ser y hacer” ¡Puras patrañas!

Nos vendieron una idea muy errada de la vida, en donde los sueños propios no se pueden hacer realidad porque hay que hacer realidad los sueños de los demás.

Qué horrible estar toda la vida atado a lo que los demás piensan, hay momentos en los que hay que volar sin importar las consecuencias, sin importar el qué dirán. Pero nadie ha dicho que esto sea fácil, salir de la zona de confort es un tema muy complicado, sobre todo cuando el cambio en el estilo de vida es radical.

Las crisis hacen parte de la vida de los seres humanos, sin ellas no podríamos crecer ni superarnos, porque son las crisis las que le enseñan a uno lo valiente que puede ser a la hora de enfrentarse a cualquier situación.

Para muchos que hemos decidido tirarnos al agua, hacer lo que queremos y ser lo que realmente somos, estos momentos de crisis han llegado en uno u otro momento, es allí donde uno se pregunta si realmente valió la pena luchar por sus sueños o si hubiese sido mejor quedarse en esa zona de confort que lo llenaba a uno de nada.

Pensar en echarse para atrás es una de esas cosas que es normal en algún momento, pero es la peor decisión que se pueda tomar. La vida siempre será justa con quienes deciden enfrentarse al mundo para lograr ser y hacer lo que realmente desean, porque todo en la vida se devuelve y quienes trabajan para bien y hacen bien tarde o temprano reciben su recompensa, yo sé que suena a cuento de hadas pero es más cierto de lo que ustedes creen, todo en la vida se devuelve, pero tengan cuidado, porque lo malo también y a veces en cantidades superiores.

Moraleja Cangrejiana: No hay nada mejor que levantarse y ser grande después de una gran caída, por eso hay que soltar, hay que dejar ir todas esas ideas que no le permiten a uno seguir, hay que superar las crisis, hay que olvidarse de todo eso que nos grabaron en el chip desde pequeños, porque no nacimos para encajar en moldes, porque si estamos aquí es para ser nosotros mismos y no lo que los demás quieren hacer con nosotros.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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París, un sueño hecho realidad

La Torre Eiffel con sus luces chispeantes que se encienden cada hora.

La Torre Eiffel con sus luces chispeantes que se encienden cada hora.

Cuando uno piensa en París antes de ir allí se hace mil imágenes en la cabeza, todas esas luces que dicen que hay, La Torre Eiffel, la comida, el Sena, las calles, los cafés, los croissants, el Arco del Triunfo, Louvre, Montmartre, en fin, una cantidad de cosas y lugares que desde pequeño comienzan a meterle a uno los profesores, amigos y familia, pero París es mucho más que eso y es todo eso a la vez. A continuación una reseña acerca de lo que significa París para una persona que siempre soñó con París, o sea, para mí.

Pensar en París es como estar allí sin saberlo, porque todo es tan mágico y a la vez terrenal que pareciera que uno siempre se imaginó París realmente como era, lo que pasa es que cuando uno está allá es cuando hay un no sé qué en todos lados que hace que todo parezca un sueño.

La primera vez que uno pisa esta ciudad tan majestuosa es como si pisara el cielo, habrán muchos que me dirán exagerado, pero para los que soñamos con París y hemos tenido la oportunidad de conocerla sabrán de lo que estoy hablando. Esta ciudad es un pedacito de cielo que montaron en este mundo, un pedacito de cielo lleno de buena comida, de lugares maravillosos y de una calidez sin igual.

Pisar París solo es el primer paso para adentrarse en una temporada de un sinfín de experiencias que jamás se repetirán, porque los que hemos soñado con París recordaremos esa primera vez como cuando uno pierde la virginidad, son cosas que lo marcan a uno de por vida.

Esta ciudad es mucho más que luces, también es comida y vino, los mejores restaurantes, los vinos más fantásticos, que aunque uno no sepa nada de vinos seguramente allá sabrá apreciarlos, y es que vivir París con un par de copas en la cabeza es un poco más de ensueño de lo que se puede llegar a imaginar.

Sentarse en la noche al frente de la Torre Eiffel con un par de botellas a divisar la majestuosidad de semejante obra y esperar a que se enciendan cada hora las luces chispeantes, escuchar como todos las personas alrededor aplauden, gritan y hasta lloran de la emoción de poder presenciar por unos minutos la majestuosidad de un símbolo tan importante no solo para esta ciudad sino para el mundo entero.

Sentarse en las mañanas en un café parisino a degustar semejantes croissants, que parecen una sinfonía de mantequilla que entra por la boca y van hasta el alma, esos croissants que uno jamás olvidará, esa esquina del café que uno siempre recordará.

Pero París también es arte, el Museo de Louvre es tal vez el más importante del planeta, lleno de historia, lleno de pinturas, esculturas, tejidos y demás, que hacen que entrar allí sea como entrar en un espacio que recopila todas las maravillas que ha podido crear el hombre. Este museo es tan grande que es casi imposible recorrerlo en un solo día, por ello es mejor conseguir la guía que lo lleva a las obras más importantes como la Mona Lisa y la Venus de Milo, entre otras.

Pero París también es amor, y quién se va a oponer a este calificativo, en una ciudad donde se ve en cada esquina parejas de todo tipo demostrando su afecto sin importar el resto del planeta. Las parejas de recién casados o próximos a casarse que recorren las orillas del Sena tomándose las fotos de recuerdo de su boda, y ni qué decir de los enamorados que se comprometen al frente de la Torre Eiffel. ¡Ah, por poco se me olvida! El Puente de las Artes lleno de candados de todos esos enamorados que dejan allí encerradas por siempre sus promesas de amor.

Pero París también tiene zonas no tan exploradas, como por ejemplo el centro que es como adentrarse en esa ciudad que se ve en las películas (recomiendo ver la película “Media Noche en París” que es la experiencia más cercana que puede uno tener antes de ir allí) pero que la grandeza de otros sitios y el tiempo que uno tiene allí no permite explorar a fondo. Caminar por el centro de París es llenarse de ese ambiente que solo tiene esa ciudad, los cafés, los corredores, la gente, es como vivir una película de la cual uno no quiere salir jamás.

Y por supuesto, París también es moda, es increíble como se distinguen los residentes de los foráneos, los parisinos se visten de una forma tal que podrían sentarse a tomar una copa de vino en los Campos Elíseos y luego salir a una fiesta muy glamorosa con la misma pinta. Hay calles llenas de almacenes de los diseñadores más famosos del mundo, con unos precios exorbitantes, pero uno entra a todos y cada uno de ellos, aunque no sea para comprar, por lo menos a vivir un poco de la suntuosidad que se siente el adentrarse en ese mundillo.

Por último, no me queda más que decir sino que París es esa ciudad en donde uno se quisiera quedar a vivir por siempre, es esa ciudad que uno sueña fantástica y cuando la conoce se da cuenta que es mucho más que eso, es un pedacito de cielo en la Tierra, es ese lugar que uno tiene que conocer antes de morir, y que cuando uno conoce quisiera morir allí.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

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Algunos planes y recomendaciones que usted no puede dejar de hacer cuando vaya a París:

– Subir a lo más alto de la Torre Eiffel, la vista es espectacular pero las filas son laaaaargaaaaas.

– Subir a lo alto del Arco del Triunfo, la subida es por unas escaleras en caracol que parecen eternas pero vale la pena.

– Restaurante “Chez Clément”, en la Avenida de los Campos Elíseos con una carne fantástica y una vista sin igual. El precio también es muy bueno. http://www.chezclement.com/

– Comer muchos croissants en todos los cafés de París.

– Recorrer el centro, realmente es mágico.

– Llevar una botella de vino en la noche al Campo de Marte (al lado de la Torre Eiffel) y tomársela mientras disfruta de la magia de la Torre. Recomendación: compre el vino en las calles aledañas a la Torre, es más barato, lleve suficiente porque en el parque hay un grupo de vendedores que son bien careros.

Galería con algunas fotos que tomé en París: